Efemérides | Reflexiones sobre la Educación Ambiental, 2022

    El 26 de enero se conmemora el Día Mundial de la Educación Ambiental con el objetivo de estimular la educación como generadora de conciencia sobre el cuidado del ambiente. Esta idea surge de la denominada Declaración de Estocolmo elaborada durante la “Conferencia sobre el Medioambiente Humano”, organizada por las Naciones Unidas (5 al 16 de junio de 1972).

    El principio 19 de dicha declaración señala: “Es indispensable una labor de educación en cuestiones ambientales, dirigida tanto a las generaciones jóvenes como a los adultos y que preste la debida atención al sector de población menos privilegiado, para ensanchar las bases de una opinión pública bien informada, y de una conducta de los individuos, de las empresas y de las colectividades inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la protección y mejoramiento del medio ambiente en toda su dimensión humana. Es también esencial que los medios de comunicación de masas eviten contribuir al deterioro del medio ambiente humano y difundan, por el contrario, información de carácter educativo sobre la necesidad de protegerlo y mejorarlo, a fin de que el hombre pueda desarrollarse en todos los aspectos”.

    En base a esta declaración, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) convocó a una reunión internacional (13 al 22 de octubre de 1975) y elaboró una “Estructura Global para la Educación Ambiental” lo que se conoce como la Carta de Belgrado, en donde se establecen objetivos y metas de la de la educación ambiental, así como algunas directrices para los programas educativos.

    En el marco de esta conmemoración, considero necesario discutir de manera crítica las estrategias que suelen desarrollarse para la educación ambiental en las escuelas, en donde se promueven actitudes y conceptos éticos y morales sobre el cuidado del medio ambiente. Sus prácticas se orientan a la observación y registro de algunos problemas ambientales del entorno cercano y al desarrollo de propuestas y acciones individuales y colectivas tendientes al cuidado del medio ambiente.

    Se trata de un enfoque educativo necesario con un mensaje que apela a la responsabilidad social de las personas para el cuidado del medio ambiente. Sin embargo, dicha loable apelación resulta insuficiente si no es complementada con el fomento de la responsabilidad política de los futuros ciudadanos. El énfasis en promover esfuerzos individuales como: aplicar la regla de las 3 R (reducir, reciclar, reutilizar), evitar los ruidos molestos, colaborar en el embellecimiento del barrio y otras tantas acciones, son adecuadas para favorecer el clima de convivencia y buena vecindad dentro de una ciudad, pero tiene sus limitaciones.

    En efecto, muchas veces estas acciones de efecto local son promocionadas ingenuamente como actos para “salvar al planeta” minimizando o encubriendo de este modo las responsabilidades de un sistema capitalista que produce envases desechables, expande la frontera agropecuaria mediante la eliminación de flora y fauna nativa, genera efluentes industriales contaminantes de aguas superficiales y subterráneas, favorece operaciones mineras riesgosas y otras actividades que resultan socialmente insustentables. Se trata de un sistema económico-político que trata de maximizar las ganancias en todo tiempo y lugar, valiéndose de la complicidad de algunos funcionarios corruptos que no aplican las leyes, o ayudan a evadirlas.

    Si bien es un tema complejo, con ánimo reflexivo elegí compartir la siguiente pregunta: ¿por qué se prioriza la enseñanza de actitudes y acciones individualistas? Acaso, ¿alguien imagina que con esa educación cuando los niños crezcan serán conscientes y evitarán producir daños como la acumulación de desperdicios tóxicos? Con los resultados a la vista, esas enseñanzas morales no han fecundado en la mayoría de los CEOS de multinacionales ni en varios empresarios y profesionales locales.

    Por estas razones, los niños deberían aprehender que la acción personal, aunque necesaria, no es suficiente para el cuidado del ambiente. Deben aprender que para cuidarlo, no sólo hay que respetar las normas de convivencia, también hay que hacerlas respetar por medio de ejercicios de naturaleza política no partidaria.

    Este imprescindible enfoque político de la educación ambiental suele estar ausente en las escuelas. Por ello, creo necesario hacer el señalamiento con el objetivo de incorporarlo para que tempranamente comience la formación ciudadana. Para ello es necesario que los alumnos puedan desarrollar un espíritu crítico, el pensamiento reflexivo, cierta capacidad de análisis de los sistemas complejos, la responsabilidad y solidaridad para actuar de modo oportuno y pertinente para evitar o mitigar daños ambientales.

    Esta modalidad de la educación ambiental requiere otro tipo de trabajo de los/as docentes porque deben estar atento/as a problemas del entorno ambiental, es decir, reconocer los cambios que van surgiendo en la dinámica el complejo sistema biótico-abiótico-social en un determinado lugar y tiempo. En este sentido, opino que las campañas de recolección de basura, no deberían formar parte de la educación responsable: le están quitando el trabajo a los operarios municipales. En efecto, se trata de una responsabilidad municipal y los alumnos antes que reemplazar a los operarios, deberían reclamar al Intendente el cumplimiento del servicio correspondiente.

    En este sentido, sugiero trabajar en la identificación y enunciación de PROBLEMAS AMBIENTALES a fin de introducir la modalidad de ABP (Aprendizaje Basado en Problemas) y de investigación acción. Para ello será necesario identificar qué acción produjo o podría causar un daño o molestia a la comunidad próxima, describir las características del cambio, identificar a los presuntos responsables y diseñar estrategias escolares para entrevistarlos y eventualmente denunciarlos, teniendo como apoyo legal al Acuerdo de Escazú, suscripto en 2021 por la Argentina.

    En síntesis, sería conveniente que la educación ambiental ayude a formar ciudadanos que desnaturalicen los problemas ambientales y asuman la responsabilidad de reflexionar y actuar políticamente para evitarlos y/o mitigarlos.

Dr. Héctor Luis Lacreu

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*Imagen de encabezado | Construcción de un paisaje artificial: huellas de las topadoras en las enormes parvas de la sal extraída de la Salina del Bebedero en San Luis, Argentina.