Memoria de un Sobreviviente

 En ocasión del quincuagésimo aniversario golpe cívico-militar y eclesiástico de 1976, en primer lugar quiero recordar a dos queridxs amigxs que fueron asesinados y que forman parte de los 30.000 cuya memoria deseo honrar. En segundo lugar, vuelvo a repudiar el genocidio y también quiero compartir algunos recuerdos que vienen a mi memoria de aquella época nefasta que sólo he compartido en la intimidad.  

Este ejercicio memorístico lo hago para dejar un testimonio personal de mi experiencia, que no incluyó ni cárcel y torturas físicas, pero que muestra una experiencia traumática que ha dejado sus marcas y forma parte del horror de aquella época en la que se cancelaban vidas humanas. Comparto mi testimonio de padecimientos como acto de justicia para con mis pares, como intento de preservar la verdad histórica frente a las víctimas que no sobrevivieron. También, como ejercicio de resistencia contra el olvido porque en la actualidad hay otras cancelaciones que se ejecutan con los votos y no con las botas.

Ha transcurrido más de medio siglo del viaje de estudios que hicimos en 1973 a la Cordillera del Viento, Neuquén, junto a Graciela Cardoso, Miguel Sanches y otros compañeros de Geología de la UBA.

Mi memoria aún me permite recordar que fue una hermosa época de estudiantes en la que éramos apasionados por la geología y los trabajos de campo y también soñábamos con poder contribuir al crecimiento del país desde nuestros saberes geológicos. Pero cometimos el “sacrilegio” de fundar AEGUBA, la primer Asociación de Estudiantes de Geología de la Universidad de Buenos Aires, para intentar mejorar nuestra formación a través de algunos cambios en el plan de estudios que incluían la incorporación de contenidos que vincularan a la geología con los aspectos sociales y económicos de la Argentina.  

Esa asociación estudiantil de 1973 duró un par de años ya que se disolvió en 1975, luego de la muerte de Perón en 1974, cuando su sucesora “Isabelita” designó al peronista ultraortodoxo Oscar Ivanissevich y este nombró interventor de la Facultad de Ciencias Exactas al geólogo fascista Raúl Zardini que, junto con otros docentes aliados como Carlos Rinaldi, denunciaron y hostilizaron a los estudiantes “sacrílegos”.  

Con esa mochila a cuestas, los responsables de AEGUBA, a partir del golpe cívico-militar y eclesiástico de 1976 estuvimos señalados de diferentes maneras.  Graciela Cardoso y su pareja Miguel Sánches y también Mónica Lemos, continuaron su militancia estudiantil en el campo de la política, quizás en “montoneros” y lamentablemente fueron asesinados en 1977, como a tantos otros jóvenes “rebeldes”.

En mi caso, luego de recibirme en 1975 y ya casado, me radiqué en Salta para trabajar en la delegación de la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) que luego del “golpe” comenzó a ser dirigida por nuevas autoridades militares de la marina.  Al poco tiempo, creo que en junio de 1976 la delegación Salta fue visitada por dos gerentes y uno de ellos resultó ser el geólogo Carlos Rinaldi que, casualmente, había sido mi profesor en primer año y conocía detalles de mi “sacrílega” actividad gremial. En el marco de dicha visita fui convocado a una reunión privada donde recibí la amenaza: “Lacreu, vos cuídate y pórtate bien”. Con esa lacónica frase amenazante concluyó la entrevista y junto mi esposa comenzamos a atravesar un período de angustia e inseguridad dentro de un clima asfixiante.

 El clima de incertidumbre personal se acrecentaba por la inestabilidad laboral que se palpitaba en la CNEA desde el mismo 24 de marzo de 1976 porque no había presupuesto y estaban cancelados todos los planes de trabajo, los profesionales nos mirábamos unos a otros y ante la falta de directivas decidimos ponernos a estudiar, cosa que en ese ambiente resultaba imposible. Además, se barruntaban despidos masivos.

 Luego de la grave amenaza recibida ocurrió otro episodio que nos angustió profundamente y nos hizo replantear nuestra vida.   

 Ese episodio ocurrió aproximadamente en abril de 1976 cuando un colega amigo, “el chivo Arias” fue designado director de minería de la provincia. Por ese motivo habíamos acordado que lo pasaría a buscar para ir a festejar con unas empanadas. Vivía con Sunny, su pareja, y el hijito de ambos al fondo de un PH en un modesto departamento muy luminoso y con hermosas plantas en macetas colgantes.  Llegando al final del pasillo escuche voces como en otras oportunidades y al tocar el timbre del departamento se abre la puerta y aparece un tipo de civil apuntándome con un fusil y me ordenó “calláte y entrá”. Pude ver a Suny llorando, con el bebé en brazos en un escenario patético con todo desordenado: libros y ropa desparramada y otros dos hombres, también de civil y con fusiles. Uno de ellos amenazándome con el arma y el otro revolviendo cosas en el dormitorio.   

           En medio de ese infierno el que me abrió la puerta me interrogó sobre mi presencia de modo que le conté de las empanadas, me apuró para saber mi grado de afinidad con esa familia “montonera “ y de mal modo me pidió los documentos. Le respondí con algunas evasivas mientras buscaba la billetera donde, además de la cédula recordé que tenía mi credencial de la CNEA con un cartel que decía “Presidencia de la Nación Argentina”. En esos brevísimos segundos y con la adrenalina a tope, armé un relato muy enfático diciendo que era funcionario de la presidencia de la Nación que estaba allí sólo en plan institucional para celebrar con el nuevo director provincial.  El tipo sorprendido miró la credencial de frente, dorso y cantos y con cara de cómplice la juntó a la cédula de identidad y me las extendió diciendo: usted se va y aquí no vio nada, ¡entendió!

Perdí la voz, asentí con la cabeza y pensé ¡zafé!. Entre asustado y atónito regresé por el interminable pasillo al Citroën 3CV dónde me esperaba mi esposa, como pude le relaté lo sucedido y decidimos advertirles a los padres de Suny, pero no lo logramos. Al acercarnos a la casa vimos un operativo policial que la estaba rodeando.

Tiempo después nos enteramos de que Sunny fue detenida y luego fusilada junto a otros detenidos en un supuesto episodio de “fuga”. Su hijito quedó al cuidado de los abuelos y mi colega aparentemente logró exiliarse en Francia, pero no tuvimos más noticias.

 Luego de todo lo acontecido, se fue configurando un clima familiar de temor que nos impulsó a tomar la decisión de renunciar a la CNEA y buscar nuevos horizontes.  


Hector L. Lacreu  

24-03-2026 

 

 

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*Imagen de encabezado | Construcción de un paisaje artificial: huellas de las topadoras en las enormes parvas de la sal extraída de la Salina del Bebedero en San Luis, Argentina.